19 mayo, 2007

los asientos ayudaban a escuchar a los griegos




A medida que los constructores fueron colocando las últimas piedras en el magnífico teatro de Epidaurus, en el siglo cuarto a. de C., no podían saber que, sin desearlo, habían creado un sofisticado filtro acústico. Pero cuando el público en la última fila fue capaz de escuchar la música y las voces con sorprendente claridad, desde luego mucho antes del primer teatro equipado con sistema de sonido, los griegos debieron darse cuenta de que habían hecho algo muy bien, porque después realizaron muchos otros intentos de replicar el diseño de Epidaurus, pero nunca con el mismo éxito. Un estudio ha determinado cuál fue el elemento clave del diseño.

Los autores de este nuevo estudio, del Instituto de Tecnología de Georgia, han dado con el elusivo factor que convirtió a este antiguo anfiteatro en una maravilla acústica. No es la pendiente, o el viento, son los asientos. Las filas de asientos de caliza en Epidaurus forman un filtro acústico eficiente que silencia a los ruidos de fondo de baja frecuencia, como el murmullo de una multitud, y refleja los ruidos de alta frecuencia de los intérpretes sobre el escenario, de un modo que permite a las voces de los actores llegar hasta la última fila del teatro.

La investigación ha sido realizada por el experto en acústica y ultrasonido Nico Declercq, profesor en la Academia Woodruff de Ingeniería Mecánica en el Tecnológico de Georgia y en el campus europeo del Tecnológico de Georgia (en Lorraine, Francia), y Cindy Dekeyser, una ingeniera que está fascinada con la historia de la antigua Grecia.

Aunque muchos expertos especularon sobre las posibles causas de la acústica de Epidaurus, pocos sospecharon que los propios asientos fueran el secreto de su éxito. Se elaboraron teorías señalando que el viento del lugar (que fluye principalmente desde el escenario hacia la audiencia) era la causa. Otros sospecharon que las máscaras usadas por los actores podían haber actuado como primitivos altavoces. Incluso se especuló con que podía deberse a la cadencia de dicción propia del griego antiguo. Asimismo, teorías más técnicas tomaron en cuenta la pendiente de las filas de asientos.

Cuando el equipo de Declercq experimentó con ondas ultrasónicas y simulaciones numéricas de la acústica del teatro, los investigadores descubrieron que las frecuencias hasta 500 hercios eran retenidas, mientras que las frecuencias por encima de ese valor resonaban entre las filas de asientos. La superficie corrugada de los asientos estaba creando un efecto similar al de los paneles acústicos corrugados que se colocan en las paredes o aislamientos en un parking.

Publicado en Noticias de la ciencia

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